Veinte horas bailando junto a la Virgen

Con lágrimas de emoción, Bernardos recibió en su iglesia a la Virgen del Castillo tras la procesión de mayor duración que se recuerda en el pueblo. ‘La Bajada’ de 2010 ha sido la más larga de cuantas se recuerdan, superando casi en tres horas a la precedente, que se prolongó durante 16 horas y 37 minutos.

La Virgen del Castillo ya está en Bernardos. Tal y como se preveía, ‘la Bajada’ resultó larga, muy larga. La imagen salió de su ermita, en el Cerro del Castillo, a las 19,30 horas del martes, y entró en la iglesia parroquial de San Pedro a las 14,56 horas de ayer. Si de batir un récord de duración se trataba, el objetivo se logró con creces (19 horas y 26 minutos). ‘La Bajada’ de 2010 ha sido la más larga de cuantas se recuerdan, superando casi en tres horas a la precedente, que se prolongó durante 16 horas y 37 minutos.

Los bernardinos han tenido ‘La Bajada’, pues, tiempo de sobra para mostrar sus sentimientos hacia la Pizarrera, en un espectáculo impactante.

El primer tramo del recorrido, el descenso del Cerro del Castillo, se hizo con gran tranquilidad. Cada vez que los músicos dejaban de tocar, alguien gritaba “¡Jota!”, obligandoles a interpretar otra pieza. Las dos hileras de danzantes parecían interminables.

Así fue hasta que la imagen dejó los montes de encinas y las tierras de pizarra para adentrarse en campos de pan llevar. En la oscuridad de la noche y con la imagen ya subida a una carroza, los danzantes se redujeron y el ritmo de la procesión se aceleró levemente, presentándose a las puertas de Bernardos antes de lo previsto.

Eso sí, lo que no varió un ápice con respecto al guión previsto fue la escena en el arco de la calle Castillo, donde los bernardinos que no hicieron los tres kilómetros de recorrido se concentraron para dar la bienvenida a su patrona.

Como es costumbre, allí se produjeron las escenas más conmovedoras, las que ponen la piel de gallina. Cuando pasó la imagen por el iluminado arco, a las 03,35 de la madrugada, lágrimas de emoción cayeron por las mejillas de la mayoría. “¡Viva la Virgen del Castillo!”, “¡Viva la Pizarrera!”. Quien intuía que era la última vez en su vida en contemplar el acontecimiento no podía reprimir sus sentimientos más profundos.

La calle Castillo estaba preciosa. Como novedad de ‘la Bajada 2010’, se instalaron cerca de 2.000 velas, al estilo de ‘los Conciertos de las Velas’ de Pedraza, lo que acentuó la intimidad del ambiente.

La gente de mayor edad, tras haber cumplido su deseo de ver entrar a la Virgen al pueblo, decidió marchar a casa, a echarse un rato en la cama. Los jóvenes aguantaron, al pie del cañón, frenando un rápido avance de la carroza. En realidad, toda la procesión es una pugna entre quienes prefieren apresurar el paso de la Virgen del Castillo —personas mayores, principalmente— y los que quieren lentificarlo —jóvenes, en su mayoría—.

Detrás de la carroza siempre fue un sacerdote, y a su lado algún devoto o devota que quería hacer todo el recorrido, íntegro. María del Carmen Sanz formaba parte de ese pequeño grupo. Hace diez años, se reventó bailando en ‘la Bajada’. Ayer no podía. Llevaba dos noches enteras velando a la Virgen del Castillo, en la ermita, y los años (66, en su caso) ya pesan. Jesús Álvarez, también ‘pegado’ a la carroza, hablaba de espiritualidad para explicar el ambiente. “Aquí hay un sentimiento nacido de la fe”, declaraba.

A las 07,15, la Virgen del Castillo accedió a la Plaza Mayor. Las filas de danzantes eran más cortas. La charanga ‘Cubalibre’ de Coca amenizaba en ese instante la procesión. Para que la música fuera permanente, ‘la Bajada’ requirió de cinco grupos, que se fueron alternando para tocar jotas.

Al amanecer coincidieron en las filas de danzantes los trasnochadores con los madrugadores, sin ningún chirrío. La patrona une en ‘la Bajada’ a todos, independientemente del estado físico que tengan a esas alturas de la procesión. Javier de la Cruz, futbolista de la Segoviana, hacía una declaración rotunda: “Hay gente a la que la religión ni le va ni viene, pero cuando ha llegado ‘la Subida’ es como si les fuera la vida en ello”.

Durante unos días, la Virgen del Castillo ha ejercido de imán para atraer a los nacidos en Bernardos que dejaron hace años el pueblo. María García, que ya no reside en Bernardos, debía tomar a esa temprana hora un autobús. “Para mí la Virgen del Castillo es… (se emociona), es algo grande, algo especial, en los momentos de necesidad acudes a ella”.

Los primeros rayos de sol iluminaron a la Pizarrera sobre las 08,00, cuando pasaba junto al Ayuntamiento. Si hasta ese punto ‘la Bajada’ 2010 había ido más deprisa que la precedente, a partir de ahí, en la calle Iglesia, se ralentizó, volviéndose eterna. Los paloteos, desaparecidos desde el atardecer del martes, regresaron. “No hay prisa”, señalaba Mariano Cubero, uno de los encargados de tirar de la carroza de la patrona. Florentino Vaquerizo, sacerdote de Bernardos, se lo tomaba con calma. Aceptaba la voluntad popular que quería prolongar la estancia de la imagen en la calle. Entre los que bailaban la jota delante de la patrona se veía a un punk, con cresta estropeada por el paso de la noche, y a un jubilado con una muleta en una de sus manos… Ver para creer…

A medida que pasaba la mañana incrementaba el número de almas en la procesión. Como en San Fermín, la fiesta no paraba, aunque cambiaran sus protagonistas. Se diría que los que bailaban estaban poseídos por el espíritu de la jota. No había descanso entre una y otra. Se quería saborear el último sorbo de ‘la Bajada’. Algunos no estaban dispuestos a que la Virgen del Castillo avanzara, ni siquiera un solo centímetro.

Al final, llegó frente a la iglesia parroquial. Se bailó ‘La Respingona’ y se procedió al subastado (3.000 euros de caja). La Virgen del Castillo ya está en su casa habitual, donde morará otra década, hasta el año 2020. Fuera, en la calle, quedaba una cierta sensación de vacío, de desconcierto por conclusión de ‘la Bajada’. La fiesta terminaba y entre la concurrencia se repetía constantemente una frase: “¡Que lo veamos en diez años!”.

FuenteGuillermo Herrero 
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