Afganistán une a Irán y EEUU

El Gobierno de Teherán acepta la invitación de la Casa Blanca para participar en la cumbre internacional del próximo martes en La Haya que tratará de dar solución al conflicto talibán

El narcotráfico y la amenaza terrorista de las organizaciones sunitas de orientación radical islámica que actúan en Afganistán sentarán a la misma mesa a Irán y Estados Unidos, después de tres décadas de enconada enemistad.

El portavoz del Ministerio iraní de Exteriores, Hasan Qashqavi, confirmó ayer que su país aceptará finalmente la invitación extendida por la Casa Blanca y participará en la cumbre internacional sobre el futuro de Afganistán que se celebrará en La Haya el próximo martes. «Teherán estará allí. Aunque todavía no se ha decidido a qué nivel», declaró Qashqavi a los periodistas.

Desde que el pasado día 6, y en un gesto de escasos precedentes, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ofreció un asiento a Irán en la reunión, las conjeturas apuntaban a que los retos y amenazas comunes en Afganistán llevarían a ambos enemigos a compartir escenario.

La inestabilidad en Kabul supone un quebradero de cabeza similar para Washington y Teherán, pero también una misma oportunidad para apuntalar su influencia en una región de alta importancia estratégica, puente entre Occidente, Rusia y dos economías emergentes como India y China.

Además de garantizar su influjo, la Casa Blanca pretende erradicar cualquier tipo de amenaza procedente de la red extremista Al Qaeda y de aquellas organizaciones radicales islámicas vinculadas con el terrorismo internacional.

Esos mismos grupos, asentados en las regiones montañosas de Pakistán y Afganistán, suponen igualmente un factor de inestabilidad para Irán, que comparte frontera con ambos países.

En los últimos años, el régimen de los ayatolá ha informado de numerosas escaramuzas en su conflictiva región limítrofe de Sistán-Baluchistán entre Fuerzas de Seguridad y mercenarios del grupo radical sunita Yundulah (el Ejército de Dios), que supuestamente pretendían infiltrarse en el país.

Hace dos semanas, Teherán anunció la muerte de 15 de esos extremistas sunitas en un tiroteo con la Policía cerca la ciudad fronteriza iraní de Tasuki.

El Ejército de Dios y otros grupos vinculados con el movimiento radical sunita talibán se esconden en la región afgana de Baluchistán, sobre la que el Ejército de Estados Unidos quiere incrementar sus acciones punitivas.

Además, Teherán acusa a los grupos radicales relacionados con Al Qaeda en Pakistán de masacrar a las comunidades chiitas que se asientan en Parachinar y otras áreas tribales paquistaníes.

La desgobernada frontera afgano-paquistaní-iraní es también la principal ruta de salida de la droga que se cultiva en Afganistán, considerado el primer país productor y exportador de opiáceos del mundo.

El narcotráfico, que permite a los señores de la guerra afganos lucrarse con la venta de armas a los grupos radicales, golpea también directamente a Irán.

Aparte de que el país se ha convertido en el puerto de salida de los alijos que después llegan a Europa a través de la frontera con Turquía y de las ricas monarquías del Golfo Pérsico, la droga es un problema social en el territorio.

Según cifras oficiales publicadas recientemente, más de un millón de iraníes son adictos a algún tipo de narcótico, en particular el opio y sus derivados, aunque fuentes extraoficiales elevan esta cifra a casi 10 millones.

La Policía del país informó días atrás de que solo en la conflictiva región de Sistán-Baluchistán se decomisaron más de 1.000 toneladas de sustancias a lo largo del pasado año, durante el cual también se detuvo a más de 61.000 personas relacionadas con el tráfico de estupefacientes.

La lucha antidroga le cuesta 600 millones de dólares al año al régimen de los ayatolá, que acusa a Estados Unidos y la OTAN de fracasar en su actividad contra el narcotráfico en Afganistán.

Analistas y políticos coinciden en que han sido las recientes declaraciones del presidente estadounidense, Barack Obama, sobre la futura estrategia en Afganistán las que han terminado de aventar las suspicacias sobre una decisión que ya estaba casi tomada.

El mandatario demócrata, que tiene previsto desvelar hoy su plan para el país asiático, admitió que Estados Unidos «no está ganando la guerra» y que junto al incremento de tropas prevé darle un impulso a la diplomacia, el diálogo con los insurgentes y la asistencia económica.

Esta declaración parece que ha complacido al ministro iraní de Asuntos Exteriores, Manoucher Mottaki, quien días atrás denunció que Washington había fracasado en Kabul y pidió «una solución regional que respete los deseos del pueblo afgano».

FuenteEFE 
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