Obama se apoya en los inversores privados para desintoxicar la banca

La Administración estadounidense destinará, con aportaciones no estatales, un billón de dólares para comprar los activos que ‘manchan’ las cuentas de las entidades financieras

El Tesoro de EEUU lanzó ayer su medida más agresiva para sanear la banca y restaurar el flujo en el mercado de crédito, al anunciar que comprará, junto a inversores privados, activos tóxicos por un importe de hasta un billón de dólares.

Desde hace semanas, los expertos reprochaban al Gobierno de Barack Obama haberse distraído con otros planes y no haber actuado con contundencia en el epicentro de la crisis económica, como es la mala salud del sistema financiero.

Ya el pasado 10 de febrero, las bolsas se desplomaron al observar, decepcionadas, que el secretario del Tesoro, Timothy Geither, convocó a la prensa para hablar de la iniciativa y concluyó su intervención sin dar detalles.

Los bancos estadounidenses tienen sus cuentas intoxicadas con activos de mala calidad debido a inversiones fallidas, fundamentalmente vinculadas a las hipotecas subprime, incobrables, lo que les impide acudir a los mercados de crédito y contar con los recursos suficientes para prestar dinero a las empresas y a las familias.

Con las concesiones de créditos prácticamente paralizadas, el Tesoro ha elaborado un plan para reflotar las entidades sin nacionalizarlas, tal y como piden los legisladores republicanos.

La medida consiste en sacar de los balances de los bancos todos estos activos del mercado inmobiliario que no tienen liquidez, y que están intoxicando sus cuentas. La compra se hará con dinero público, pero también privado.

De hecho, el propio Geithner aseguró que los inversores tienen que estar dispuestos a «asumir algunos riesgos» si quieren que la medida funcione.

El objetivo es retirar de los balances bancarios unos 500.000 millones en activos tóxicos, aunque el programa se ampliará hasta un billón de dólares si funciona.

Para empezar, el Gobierno comprometerá en este Programa de Inversión Publico-Privado entre 75.000 y 100.000 millones de dólares procedentes del plan de rescate financiero que el Ejecutivo de George W. Bush lanzó en octubre, dotado con 750.000 millones.

Curiosamente, la idea inicial del anterior proyecto era adquirir los activos tóxicos, si bien la Administración republicana cambió de opinión y decidió destinar la primera mitad de los fondos a entrar en el accionariado de las entidades.

No obstante, esta medida no solo no sirvió para restaurar el flujo del crédito, sino que dio a las firmas financieras dinero fresco con el que remunerar a sus accionistas y a sus directivos, lo que ha enfadado a la opinión publica y frustrado a los legisladores.

Ahora, el Gabinete de Obama ha puesto todas sus esperanzas en la compra de esos elementos perjudiciales de los balances bancarios, una iniciativa que cuenta con una cierta complejidad y muchos riesgos. Una de las dificultades principales es cómo valorar estos activos tóxicos. Si el Gobierno pone un precio bajo, los bancos no los venderán, pero si les otorga una valoración alta, la opinión pública se rebelará contra el plan.

Incluso si se pone en marcha, los riesgos son altos, como reconoció Geithner. Una de las principales incertidumbres es si el Ejecutivo será capaz de atraer a la iniciativa privada, como fondos de inversión o de pensiones y compañías de seguros, para que participen en la adquisición de estos paquetes.

Del triunfo o fracaso del plan depende no solo la salud del sistema financiero estadounidense, sino el futuro del propio Geithner, un joven profesional que dirigía hasta hace poco la Reserva Federal de Nueva York, y quien ya ha sufrido duras críticas por haber participado en la elaboración del plan de rescate de Bush.

Tras la presentación del proyecto, Obama comentó que su equipo económico «confía firmemente» en que el nuevo plan de socorro bancario servirá para reactivará el crédito, que se encuentra estrangulado con la crisis.

El presidente de EEUU afirmó que está convencido de que las medidas de Geithner abrirá el grifo de los préstamos, casi cerrado tanto para los hogares como para las empresas grandes y pequeñas.

FuentePaco G.Paz (EFE) 
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